Pablo aceptó un puesto comercial con base en Bilbao mientras su contrato anterior seguía activo unos días en Murcia. La consulta se centró en evitar solapes confusos de cotización y en fijar una fecha de empadronamiento que no dejara notificaciones laborales en el domicilio antiguo.
Trabajamos un calendario de diez días: baja ordenada en origen, alta en destino, cita municipal y un recordatorio de documentación que la nueva empresa pedía a media semana. El seguimiento postconsulta sirvió para reajustar el empadronamiento cuando la cita municipal se retrasó cuatro días.
El resultado no fue un atajo mágico, sino un orden que Pablo pudo enseñar a RR. HH. sin improvisar cada correo.